El tiempo siguió su curso. Justo, con la ayuda de sus dos hijos mayores (siete y ocho años), concluyó con la siembra de temporada de maíz de su milpa.
Diariamente, muy de mañana nuestro amigo se daba a la tarea de llenar el tanque de agua con ayuda de una bomba de veleta empotrada al brocal de pozo; una vez lleno el depósito inmediátamente quitaba los tapones de la base y procedía a llenar, por gravedad, con el concurso de unos canales las piletas mas pequeñas que se encontraban a lo lejos y en puntos estratégicos, para después una vez llenas, cubeta en mano se daba a la tarea de regar las plantas; era una tarea bastante pesada que lo llevaba la mayor parte del día para luego revisar las plantas en busca de plagas y deshierbar la hierba mala que siempre crecía como maldición de un día para otro y así era todos los días.
"LA HISTORIA ORDINARIA DE UN HOMBRE ESTRAORDINARIO"
UN HOMENAJE PÓSTUMO A MI PADRE
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miércoles, 3 de marzo de 2010
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