"LA HISTORIA ORDINARIA DE UN HOMBRE ESTRAORDINARIO"

UN HOMENAJE PÓSTUMO A MI PADRE

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martes, 9 de marzo de 2010

Capítulo V: "El acaparador"


Así pasó una semana y las existencias de granos básicos en la tienda poco a poco mermaron por lo que el tendero, muy a su pesar tuvo que disminuir la cantidad que le correspondía a cada familia con la esperanza de que en cualquier momento llegara la mercancía como regularmente sucedía todos los fines de mes.

A duras penas esa acción le permitió al pueblo, digamos "mal comer", por cinco días mas. Llegado el momento el tendero se entrevistó con el alcalde y le hizo saber de la crítica situación por la que atravesaría el pueblo si no conseguían alimentos.

El alcalde convocó a los pobladores a una junta urgente en la plaza principal y les comunicó de la grave situación. Nuestro amigo Justo. Al escuchar aquello sugirió: --"En vista de que con la quemazón de las milpas y las miles de langostas muertas ya se habrán abonado las tierras, podríamos adelantar las siembras".Finalizó.

A muchos les apreció buena la idea y a otros no tanto y empezó la discusión:

--No es lógico pensar en sembrar porque ¿como podemos pensar en echar las semillas a la tierra mientras nuestros hijos se mueren de hambre?".

Alguien contestó: --"Pero si no sembramos y nos comemos las semillas, ¿de que vamos a alimentar a nuestros hijos después?, yo opino igual que Justo, vayamos a sembrar aprovechemos el desmonte y el abono."

De uno y otro bando campeaban las razones, muy válidas por cierto, pero con discutir no se solucionaba nada, así que el párroco del pueblo reclamó silencio y propuso lo siguiente:

jueves, 18 de febrero de 2010

Capítulo I: " El nacimiento."

Era un día como cualquier otro en el pequeño poblado de Tekax, situado al sur del Estado de Yucatán, México.

Ese 19 de Abril del año 1931, muy temprano, Justo salió rumbo a la milpa preocupado por su esposa Brígida pues faltaba realmente poco tiempo para que esta diera a luz. La preocupación de Justo estaba más que justificada porque le había oído quejarse durante toda la noche.
El le pregunto varias veces sobre sus dolores, pero ella le decía siempre que no se preocupara, que ya pasaría, que se esté tranquilo porque le faltaba mucho para dar a luz. El sabia que su esposa mentía y que se estaba aguantando los fuertes dolores, pero decidió no llevarle la contraria aunque eso no le quitaba la preocupación. Por fin llego el alba y a regañadientes, después de desayunar, Justo, muy preocupado por ella, salió a trabajar su pequeña parcela.

La mañana estaba realmente bella. la vida renacía después de una lluviosa noche primaveral que había dejado limpio y perfumado el campo. Aquí y allá se miraban ramilletes de flores de muy variados colores; los pájaros, en raudos vuelos cruzaban el limpido cielo azul alegrando con sus melodiosos cantos aquella agradable mañana.
Pero nuestro amigo, ensimismado en sus preocupaciones no se daba cuenta de la belleza del día y rápidamente, llenando del aire fresco sus pulmones, dio un profundo suspiro de resignación y continuó su camino.