Así pasó una semana y las existencias de granos básicos en la tienda poco a poco mermaron por lo que el tendero, muy a su pesar tuvo que disminuir la cantidad que le correspondía a cada familia con la esperanza de que en cualquier momento llegara la mercancía como regularmente sucedía todos los fines de mes.
A duras penas esa acción le permitió al pueblo, digamos "mal comer", por cinco días mas. Llegado el momento el tendero se entrevistó con el alcalde y le hizo saber de la crítica situación por la que atravesaría el pueblo si no conseguían alimentos.
El alcalde convocó a los pobladores a una junta urgente en la plaza principal y les comunicó de la grave situación. Nuestro amigo Justo. Al escuchar aquello sugirió: --"En vista de que con la quemazón de las milpas y las miles de langostas muertas ya se habrán abonado las tierras, podríamos adelantar las siembras".Finalizó.
A muchos les apreció buena la idea y a otros no tanto y empezó la discusión:
--No es lógico pensar en sembrar porque ¿como podemos pensar en echar las semillas a la tierra mientras nuestros hijos se mueren de hambre?".
Alguien contestó: --"Pero si no sembramos y nos comemos las semillas, ¿de que vamos a alimentar a nuestros hijos después?, yo opino igual que Justo, vayamos a sembrar aprovechemos el desmonte y el abono."
De uno y otro bando campeaban las razones, muy válidas por cierto, pero con discutir no se solucionaba nada, así que el párroco del pueblo reclamó silencio y propuso lo siguiente:
