"LA HISTORIA ORDINARIA DE UN HOMBRE ESTRAORDINARIO"

UN HOMENAJE PÓSTUMO A MI PADRE

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martes, 16 de marzo de 2010

Capítulo VI: “Hacia el campamento chiclero”

Ya con el abasto seguro para algunas semanas, los campesinos se dedicaron a trabajar sus tierras y Justo no fue la excepción. Con las semillas que habían conseguido confiaban en conseguir una buena cosecha; pero el destino tenía otros planes.

Después de laborar en su milpa, nuestro amigo se dedicaba a buscar trabajo; ya sea de albañil, peluquero, de cargador, en fin, hasta de domador de caballos  si se ofrecía la oportunidad; todo con tal de llevar algunos centavos a su casa para mantener a su familia; pues, si bien es cierto, que el maíz era gratuito y le daban su diaria ración en palacio municipal, lo demás tenía que pagarlo.

Terminaron de sembrar y esperaron la época de lluvias, pero esta nunca llegó; en su lugar se presentó una intensa sequía como no se había visto desde hacía ya muchos años; esto obligó a nuestros amigos a redoblar esfuerzos y regar en forma más constante las milpas, en un intento desesperado de salvar el alimento futuro de sus familias.

martes, 9 de marzo de 2010

Capítulo V: "El acaparador"


Así pasó una semana y las existencias de granos básicos en la tienda poco a poco mermaron por lo que el tendero, muy a su pesar tuvo que disminuir la cantidad que le correspondía a cada familia con la esperanza de que en cualquier momento llegara la mercancía como regularmente sucedía todos los fines de mes.

A duras penas esa acción le permitió al pueblo, digamos "mal comer", por cinco días mas. Llegado el momento el tendero se entrevistó con el alcalde y le hizo saber de la crítica situación por la que atravesaría el pueblo si no conseguían alimentos.

El alcalde convocó a los pobladores a una junta urgente en la plaza principal y les comunicó de la grave situación. Nuestro amigo Justo. Al escuchar aquello sugirió: --"En vista de que con la quemazón de las milpas y las miles de langostas muertas ya se habrán abonado las tierras, podríamos adelantar las siembras".Finalizó.

A muchos les apreció buena la idea y a otros no tanto y empezó la discusión:

--No es lógico pensar en sembrar porque ¿como podemos pensar en echar las semillas a la tierra mientras nuestros hijos se mueren de hambre?".

Alguien contestó: --"Pero si no sembramos y nos comemos las semillas, ¿de que vamos a alimentar a nuestros hijos después?, yo opino igual que Justo, vayamos a sembrar aprovechemos el desmonte y el abono."

De uno y otro bando campeaban las razones, muy válidas por cierto, pero con discutir no se solucionaba nada, así que el párroco del pueblo reclamó silencio y propuso lo siguiente: