"LA HISTORIA ORDINARIA DE UN HOMBRE ESTRAORDINARIO"

UN HOMENAJE PÓSTUMO A MI PADRE

domingo, 21 de marzo de 2010

Capítulo VII. "Cortejo fúnebre"

El muchacho pronto aprendió, en un principio, a fabricar sillas. Poco a poco sus trabajos fueron perfeccionándose hasta dominar por completo la fabricación de esos muebles. Para entonces, el viejo carpintero que se encargaba de la fabricación de los ataúdes falleció y nadie quería hacer ese trabajo pues entre las obligaciones del obrero estaba el ir a la casa del difunto a tomarle las medidas para el féretro en medio del llanto y los rezos de los deudos.

Como "Lupe" era el más "nuevo", en él recayó la responsabilidad de ese, para los otros, desagradable trabajo. Nuestro amiguito no tenía ni idea de como hacerlo pero bajo la guía y supervisión del capataz pronto aprendió los "gajes" del oficio. Pasaron algunos meses y nuestro amigo se hizo experto en esos menesteres. Al principio fue muy duro al grado que "Lupe" no podía dormir de la impresión por estar, casi todos los días, en contacto con los cadáveres.

En esos días comenzaron a regresar del campamento chiclero muchos trabajadores enfermos de malaria; al poco tiempo la enfermedad se convirtió en una epidemia y las familias, además de extremar sus hábitos higiénicos, evitaban, en lo posible, el contacto con los enfermos por miedo a contagiarse. Mucha gente del pueblo se estaba muriendo y todos los trabajadores de la carpintería se dedicaron a la elaboración de ataúdes, en cuanto a "Lupe", el muchachito era el encargado de ir a tomar las medidas de los cadáveres, y no solo eso, también de llevar los ataúdes ya terminados a la casa del finado y ayudar a la familia a meterlo a la caja, cubrirlo con una capa de cal y de inmediato asegurar y fijar la tapa, por mandato de la autoridad, para evitar que la enfermedad se siguiera propagando.

Gracias a su fuerte constitución física y la pulcritud en su aseo personal, cosa que Brígida le inculcó desde pequeño, nuestro amigo, pese a su diario contacto con los cadáveres, no enfermó. Eso fue una bendición, porque sus hermanos y hermanas si enfermaron, pero con los cuidados de su madre y jóvenes aún, sanaron mas pronto que Justo, que dicho sea de paso, había recaído de nueva cuenta. Así "Lupe", a sus escasos catorce años se convertía en el único sostén de su familia.

En el pueblo, cada vez que alguien fallecía, era costumbre llevar el féretro en hombros, desde la casa del finado, hasta el lugar que ocuparía en el cementerio municipal, pero por la epidemia, mucha gente no quería contagiarse cargando un ataúd, por seguir esa costumbre.

Un día murió un niño como de nueve años y "Lupe" se presentó a tomar las medidas del cadáver a petición de la madre del difunto. Pasaron las horas y "Lupe", merced a que el ataúd era pequeño y la casa del difunto estaba cerca de la carpintería, dejó la carreta que le servía para transportar los ataúdes, cargó el pequeño ataúd y fue a realizar la entrega.

Al llegar, ayudado por la señora, acomodó al difunto, esperó que la señora se despidiera de su hijo, le echó una capa de cal y procedió a fijar la tapa con clavos. Al terminar la señora le dijo: --Muchacho, ya vi. que no le tienes miedo al contagio, no así mis hijos, que se niegan a llevar el cadáver de su hermanito al cementerio y yo, ya estoy vieja para eso. ¿Nos podrías ayudar?, ándale, te pago un peso si cargas el ataúd hasta el cementerio.

Una cosa era hacer su trabajo y otra muy distinta era cargar al muerto hasta el cementerio; pero un peso era una respetable cantidad que no podía rechazar, ("Lupe", ganaba cincuenta centavos al día) y aceptó. Pensó en ir por la carreta pero rechazó la idea al calcular que sí podía cargar con el cadáver. (Después se arrepentiría de su decisión).

Ayudado por la señora, acomodó el féretro a sus espaldas y lo cargó con la ayuda de su viejo "mecapal", lógicamente el peso de la caja su multiplicó y nuestro amigo, aunque lo resintió en sus piernas no le incomodó demasiado, se puso al frente de la casa y paso a paso, encabezó el cortejo fúnebre.

Los primeros cien metros los caminó sin pena ni gloria, pero a partir de allí las cosas se le empezaron a complicar. A cada paso sentía que la caja pesaba más y mas; las piernas amenazaban con flaquear; los brazos los sentía dormidos por sostener los costados de la caja y un intenso sudor ya le cubría el cuerpo. Lo peor fue cuando sintió, en el área de su espalda que estaba en contacto con el ataúd, unos dolores y escozores que poco a poco se hacían mas intensos aumentados drásticamente por su abundante sudor. Aún faltaban unos seiscientos metros para llegar al cementerio y el muchacho sentía desfallecer, pero sacando fuerzas de flaqueza, continuó con su calvario hasta llegar al lugar donde descansaría el difunto.

Por fin llegaron al cementerio y el ya exhausto muchacho pudo descansar un momento; las piernas le temblaban, la espalda le dolía mucho, los brazos le pesaban una barbaridad y estaba bañado en sudor, sentía un enorme cansancio pero esperó pacientemente a que terminara el entierro; se acercó a la mamá del difunto y le exigió, educadamente, su pago. Regresó al taller a seguir trabajando aunque sentía que ya no podía más; pero nada más de pensar en su padre enfermo y las necesidades de su familia, se animó en seguir con su labor.

Cada tabla que cargaba, cada movimiento de sus brazos al serruchar, era un verdadero suplicio para nuestro amigo, cosa que no pasó desapercibido para el capataz, al ver los rictus de dolor en la cara del muchacho y la mancha rosácea que se empezaba a dibujar en su espalda, merced al sudor, a través de su ya manchada camisa.

El buen hombre, se acercó a nuestro amigo y le ordenó que se quitara la camisa; al hacerlo se pudo apreciar en toda su magnitud, el daño en la piel. Áreas rojizas y ampollas reventadas supurando agua, fue lo que se presentó a los ojos de todos. El capataz le exigió que les contara lo que le había sucedido y al saberlo, no pudieron evitar una sonora carcajada, y después le recriminó cariñosamente, su falta de sentido común por la estupidez de no regresar por la carreta, pues no era la primera vez que él llevara a un difunto hasta el panteón por mandato del patrón.

Había que desinfectar y cauterizar las heridas, así que el capataz mando a traer una naranja agria y un puñado de sal y le dijo al ya asustado "Lupe": --Esto te va a doler mucho pero es la única forma de que no se te infecte; toma, aprieta con tus dientes este pedazo de madera y llora si quieres porque te va a doler mucho, ánimo, trataré de que sea rápido, sé machito, aguántate.-- Partió la naranja por la mitad, le puso bastante sal y se la untó por toda la espalda; al sentir el intenso dolor nuestro amigo arqueó la adolorida espalda y en un acto reflejo intentó huir del lugar, pero cuatro poderosos brazos lo detuvieron en su sitio. Nuestro amigo, merced del cansancio y el intenso dolor, se desmayó. Terminada la curación sus compañeros improvisaron una cama con tablas y le acostaron boca arriba en ella, le cubrieron la espalda con la manchada camisa y regresaron a sus labores.

Al volver en sí nuestro amigo fue llamado por el dueño del taller, el cual ya esta enterado de todo lo sucedido. El empresario sintió una mezcla de admiración y compasión por los esfuerzos del muchachito pero no obstante, igual le reprendió de manera enérgica. Pero también sabía de las dificultades económicas de la familia, le pidió que en lo sucesivo, no cometiera más tonterías y le ordenó que utilizara la carreta no importando el tamaño de la caja a entregar...o del difunto a transportar.

Después del regaño le mandó que se fuera a su casa a descansar por tres días o hasta que mejorara un poco su lastimada espalda. Le dio dos pesos y le ordenó retirarse a su casa. Al llegar, Brígida en seguida se dio cuenta de la situación lastimera de su hijo y amorosamente le hizo las curaciones necesarias después de lavarle las heridas con agua hervida previamente enfriada. Aún así el dolor fue intenso y "Lupe" empezó a lagrimear, pero dócil, se dejó hacer la curación.

Justo, no pudo reprimir las lágrimas al ver los sufrimientos de su hijo y maldijo su enfermedad y su mala estrella. Después de la curación,"Lupe", un poco mas repuesto sacó a su padre al pequeño cobertizo que estaba construido en el patio de la casa y platicó muy largamente con él.

El muchachito le contó a su padre de sus trabajos y sus problemas en el taller, pero viendo la preocupación de su padre le consoló: --Papá, no te apures, esto que me pasó no es nada, es más casi ni me duele; mira papá, yo estoy contento y tranquilo trabajando para ayudarte si tú estás tranquilo: yo solo quiero que te mejores y vuelvas a salir de cacería conmigo, ¿te acuerdas? ¡Anda viejo "chechón"!, entremos a la casa. que me estoy muriendo de hambre.-- Así era de maravilloso aquel muchacho.


Continuará en el capítulo VIII-

Nota: Hacer caso omiso de la gramática y la sintaxis; no soy escritor, solo un humilde “escribidor”

5 comentarios:

  1. bonitos tus monitos

    bay

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  2. me gustaron tus emos :-}
    te quedaron lindos :*)
    nos leemos XD
    bay

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  3. ;-D Gracias por sus comentarios sobre mis emoticones, eso me alienta a seguir trabajando para mejorar la apariencia de este blog. XD

    De nuevo gracias.
    vuelvan pronto.
    :-) :-S :-P :-[ :-D }:-] X* ;-D :-| :-} :*) :-( ;-) XD.

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  4. hoye, me gustó la nueva apariencia de tu blog XD
    me esta gustando la historia }:-] }:-]
    nos leemos de nuevo. Karla.

    p.d. ¿como supiste que soy Mexicana?

    bueno. bay :-} :-} :-} :-} :-}

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  5. :-P Hola Karla:
    :-D Gracias por la visita; te comento que me he ocupado más en la presentación del blog que a la historia en sí; tengo dos capítulos mas para pasar al blog, pero por falta de tiempo no he podido; en estos días de vacaciones lo haré, lo prometo en cuanto a como sé que eres Mexicana, es uno de mis secretos jejeje }:-]}:-]:-}:-} ,por favor, si quieres, déjame tu mail a cualesquiera de mis correos que encontrarás en la parte de abajo del blog, :*)(supongo que quieres mantenerte en secreto aquí en el blog.):*)Gracias por la visita y regresa pronto XD XD XD XD XD XD

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Podré no estar de acuerdo con lo que digas, pero defenderé tu derecho a decirlo. Solo te pido respeto, pues también es mi derecho.
"PAZ A LOS BLOGGER´S DE BUENA VOLUNTAD"
Gracias: El hijo de don José.